Llamó Dios a mi padre siendo muy joven, un 7 de junio de 1978, en la plenitud de su vida útil, a los 56 años de edad, ejercía la responsabilidad de Juez Superior Primero en lo Civil, Mercantil, Tránsito y Trabajo de la Circunscripción Judicial del estado Anzoátegui.
Huerfano de padre a los 8 años de edad, tuve la fortuna de contar con el apoyo moral y la conducciòn de mi hermano mayor, José Alejandro Guzmán Hernández, quien desde entonces y hasta el final de su vida (34 años) supo llenar el vacio que dejó la temprana muerte de nuestro padre.
Josè Alejandro, fue muy estudioso, graduó de abogado y en ese corto lapso de vida, litigó el derecho penal con vehemencia y un amor a la Justicia, a lo correcto, y por sobre todas las cosas al compromiso que generaba la palabra de un hombre, cualidades hoy extrañas y en decadencia, cuando vemos con profundo dolor como colegas mancillan esta noble profesión.
Hace unos dìas mi caro amigo, gran abogado, escritor y un lector voraz, José Daniel Contreras, mencionó la obra el “Alma de la Toga” en sus redes sociales y tuve un breve y agradable intercambio sobre este maravilloso libro, el primero relacionado con la abogacìa que leí por sugerencia de mi hermano; en mi memoria quedaron como cláusula petrea sus palabras, “si vas a estudiar derecho, lee este libro y se el mejor abogado”.
Sus palabras y el libro tienen una significaciòn en mi vida, espero que en la de ustedes el libro sirva como un faro que illumine la ruta a una profesión que ejercida bajo los valores que ella profesa llevan a la Gloria inmarcesible.
¿Quién fue Angel Ossorio y Gallardo?
Nació en el seno de una familia modesta de tradición monárquica, católica y liberal, tres aspectos que serán esenciales en su periplo vital. Su padre, Manuel Ossorio y Bernard, fue un periodista de cierto renombre en la capital. Siempre se mantuvo muy ligado a la vida política, cultural, profesional y humanitaria de su ciudad. Así, llegó a presidir el Ateneo, la Masa Coral, la Asociación Auxiliar del Niño, la Academia de Jurisprudencia y el Colegio de Abogados, entre otras asociaciones e instituciones. Tras licenciarse en Derecho (1893) trabajó como abogado de pobres y posteriormente ejerció una exitosa carrera profesional durante 40 años en su propio bufete del barrio de Salamanca. Para muchos era el mejor abogado del momento. Como político alcanzó considerable prestigio, malogrado en buena medida por un carácter indómito –“mejor solo que mal acompañado”, decía–, vehemente y poco dado a los pactos. En su faceta de escritor, su segunda vocación confesa tras la abogacía, desarrolló gran cantidad de trabajos –libros, discursos, prólogos,…– y con gran variedad temática como muestra la bibliografía esbozada abajo. También mostró una intensísima presencia como columnista en la prensa escrita. Y es que Ossorio entendió la política, como todos sus proyectos, de forma apasionada, tal y como era él y cómo vivió; y desde luego el Derecho, por el que sentía verdadera devoción. […]
Fuente: Historia Hispánica.
